miércoles, 3 de mayo de 2017

La Trama Nipona


¡Muerta en la bañera me he quedado!... bueno, no literalmente, porque sigo viva a pesar de todo y no tengo bañera, que yo soy más de plato de ducha.

El caso es que, sin querer, o sea, haciendo zapping, me he encontrado con Bob Esponja. Que es una esponja, pero de baño, que vive en una piña en el fondo del mar, con un pulpo que se cree calamar. Cuando descubrí que vive en una ciudad llamada Fondo bikini apagué la tele estupefacta. He descubierto de dónde sacó la chica de la CUP la idea de las esponjas marinas. ¡Virgen del amor hermoso! No pienso volver a ver Bob Esponja, al menos, hasta que se me vaya la banda sonora, que se me ha metido en la cabeza y no para de martillearme, “Quien vive en la piña debajo del mar, Bob esponja... su cuerpo amarillo absorbe sin más, Bob esponja... el mejor amigo que puedas tener, Bob esponja... ¡Porras!, se lo han puesto en bandeja a la de la CUP.

En fin, que yo soy muy ochentera, y en aquella época disfrutábamos, entre comillas, de los dibujos nipones. ¡Qué pechá de llorar!, con tanto huérfano, yo me apuesto lo que quieras a que esos dibujos son las madres de la telenovela. Porque, salvo por las escuelas de modelaje, - que en un principio yo creía que eran escuelas de alfarería -, el resto de la trama es muy parecida. Pero, después de casi treinta y cinco años, he descubierto un nexo entre ellos. Concretamente entre Heidi, Marco y Benji y Oliver.

La primera fue Heidi, que nos enseñó muchas cosas, desde que se puede estar en mitad de Los Alpes en pololos sin tener ni pizca de frío, hasta que un columpio se puede colgar del cielo, incluso se creó un síndrome, el síndrome de Heidi, que trata de la inadaptación de un niño a la vida urbana, con lo bonita que es la urbe, con su tráfico, su contaminación y su lenguaje genital como insulto.

Heidi en realidad era Marco. A la madre de éste se la llevó la CIA a Argentina, como testigo protegido y a Marco se lo llevaron a Los Alpes de incógnito, bajo la identidad de una niña, que estaría al cuidado de un abuelo, que no era biológico, era uno de los muchos abuelos dejados de la mano de Dios en un geriátrico, que todavía tienen un espíritu joven y necesitan aventuras, así que los forman para llevar a cabo estas misiones.

Heidi-Marco conoce a Pedro, que se enamora de ella perdidamente. Luego aparecen en la historia Clara, que es una farsante que se hace pasar por paralítica, pero de eso nada, que la he visto yo levantarse de la silla, en el momento justo en el que se da cuenta de que no tiene nada que hacer con Pedro. Y luego estaba la entrañable Señorita Rottenmayer, - que parecía sacada de El Orfanato -, la educadora de Clara, un punto filipino, con más mala leche que la Kim Kardashian, y que, curiosamente, cuando terminó la serie se marchó a la ciudad de Templin, en la antigua República Democrática Alemana, a unos 80 km al norte de Berlín. Fue contratada por una familia para que enderezase la vida de su hija díscola, que se acababa de apuntar a las Juventudes Comunistas de la RDA. Una tal Angela, a la que, como no, puso en su sitio y consiguió casarla en 1977 con un físico, un tal Ulrich, que la mandó a freír pimientos en 1982, - porque a ella no hay quien la soporte -, y al que robó el apellido de por vida, ¡vaya par de cojones, Señora Merkel!

Total, que un día, al abuelo se le escapa el paradero de la madre de Marco en Argentina. Heidi se quita los pololos, manda a freír puñetas la vida Alpinera y se recorre medio mundo tranquilamente, sin necesidad de acompañante por ser menor, sin pasaporte, sin visado… ¡A pelo!, - y pensar que una vez fuimos tan libres, qué asco de involución -. En fin, que cuando consigue encontrarla, la pobre está a punto de palmarla, porque, como ya no les sirve de nada a la CIA, la están envenenando, pero como aquellos años eran maravillosos, la buena mujer se recupera nada más ver a su hijo. Pero, de nuevo, tienen que escapar. Este punto de la historia es crucial, porque pude entender por qué en cada adaptación que hacían de Marco, la familia tenía diferentes apellidos. Y eso sólo pasa cuando eres un testigo protegido, que puedes ser un Ansaldi, un Valesini o un Rossi… - A ver si Valentino Rossi va a ser el hijo secreto de Marco…que de todo hay en la viña del Señor -.

Después de un largo viaje, del que no nos han contado nada, - a saber por qué -, llegan a Tokio, porque el pobre Marco acabó traumatizado de tanto llevar pololos y se negaba a volver a esos paseos a lo Brokeback Mountain con Pedro, vamos, que pasaba, como de comer flores, de volver a las montañas y punto pelota. Proveniente de Tokio, se muda con su madre a Shizuoka y se inventa un rollo macabeo de que a los 5 años salió ileso de ser atropellado por un camión gracias a que interpuso su balón entre el automóvil y él, y, luego, al salir despedido por el choque, nuevamente la pelota evitó que se golpeara contra el suelo, bla, bla, bla, aceptamos barco como animal acuático. Total, que se convierte en Oliver y juega al fútbol con Benji, que se parece demasiado a Pedro. A lo mejor en aquella época disponían de poco personal y tenían que ir rotando a los mismos personajes, como le pasa a Telecinco.

El único recuerdo que tengo de Oliver y Benji son esas interminables jugadas, ese balón flotando en el aire durante seis capítulos seguidos, ¡la Virgen, qué paciencia! Paciencia nipona.

No me digan que no tiene mandanga la historia. Y a eso hay que sumarle dos nuevas líneas de investigación,

Primera: me apuesto lo que quieras a que Pikachu es el resultado de un experimento nuclear con la abeja Maya.

Segundo: Sin Shan y Chicho Terremoto son gemelos separados al nacer.

Y de momento, nada más, sólo que…, “Quien vive en la piña debajo del mar, Bob esponja... su cuerpo amarillo absorbe sin más, Bob esponja... el mejor amigo que puedas tener, Bob esponja” ... ¡Porras!, cómo se nota que no he recibido entrenamiento como La espía que me amó para estas misiones de investigación, ¡qué tortura de soniquete!