domingo, 9 de abril de 2017

WhatsApp Familiar



Vaya por delante que yo quiero a mi familia mucho, ¡mucho!... pero para esto no. Ni hablar del peluquín.

Antes nos bastaba con reunirnos en bodas, bautizos y comuniones. También en Navidad, fechas en las cuales, al ser las reuniones más largas y emocionales, algunos explotábamos y otros entraban en combustión espontánea. Sí, somos una familia de sangre super-hiper-mega-ultra recalentada, ¡qué le vamos a hacer! Y a eso hay que sumarle los entierros, que, por cierto, el último se nos fue un poco de las manos y liamos una que “pa’ qué”, como en Esperando la Carroza, pero a la española. Esa historia la contaré otro día.

El caso es que, entre pitos y flautas, nos reunimos unos trescientos días al año. La familia al completo. Por eso me pregunto yo, a mí misma, intrínsecamente… ¿Realmente es necesario que tengamos un chat de familia en WhatsApp? ¿Esto no acabará siendo de un contraproducente emocional y espiritual?... Evidentemente, sólo me lo pregunto a mí misma, ni se me pasaría por la cabeza soltarlo en una comida dominical.

Para demostrar mi preocupación voy a transcribir una conversación que tuvimos hace dos domingos.

Pero antes, hay que saber que en el WhatsApp familiar somos: 4 Matriarcas con 2 consortes, - a ellos les llamo “Los Supervivientes”, porque bregar con las mujeres de esta familia pasa factura, para muestra un botón, sólo quedan dos -. 
4 primas, 8 primos y sus respectivas parejas. 14 nietos con parejas momentáneas, - son demasiado jóvenes y, siendo realistas, acabarán encontrando otras relaciones, porque la vida es muy jodida cuando eres tan ufano -. Total 58 personas, eso si mi primo Manolo no se trae a algún amigo…

Teniendo en cuenta que cada mensaje va acompañado de un “ding”, una de las normas que pusimos, - la única que se respeta, por cierto -, fue la prohibición absoluta de saludar. Ni buenos días, ni tardes, ni noches, ni holas, ni adioses, ni que tales, ni porras en vinagre. Nosotros vamos ¡al grano! Todos, menos mi primo Manolo, que como diría mi abuela, que en paz descanse, “no es de más carne”, vamos que no da para más el muchacho.

Como iba diciendo, - que soy de dispersión fácil, porque tengo el disco duro petado y hace mucho que no me reseteo -, la mañana de hace dos domingos estaba tranquila, demasiado diría yo. En el chat estaban mi prima Lola y su madre, mi Tía Maruchi, - la misma que se comunica por el chat cuando no está cons-tan-te-men-te hablando con mi madre por teléfono-.

T. Maruchi: Pues no sé qué decirte, hija. ¿Tiene fiebre?

P. Lola: Es q no ncuentro el trmometro. Iba a llamar al médico, pero he perdido el núm. Y como me he olvidado de dond he puesto las llaves del coche…

T. Maruchi: Eres como tu padre, que no sabe ni la hora que es. Una inútil. ¿De qué color es la caca?

P. Lola: (Foto del pañal con premio).

Yo: ¡Qué asco por Dios!, ni en “Más vale prevenir” eran tan explícitos.

P. Lola: Ya está “la delicá de la calle Sierpes”.

Yo: No es que sea delicada, es que acabo de desayunar, bonita de cara.

P. Marimar: ¡Mama!, no sabes lo que me ha pasado.

T. Maruchi: ¿El qué hija? ¿Estás bien?

P. Lola: ¿Qué te pasa Mar? No será por el subnorml de Bartolo.

P. Marimar: Otra vez la ha liado. Pero esto es muy gordo.

P. Lola: ¡Vámonos a nuestro grup que es + privado!

- ¡Mierda!, algo interesante y se van. Y aquí me quedo yo con las cacas…

Un rato después aparece mi tío Charly, el Superviviente de mi tía Maruchi.

T. Charly: Familia!!!! Anoche le estuve haciendo el amor a vuestra tía 1 hora y 15 minutos!!!

- Aparecen muchos emoticonos de palmadas, y confetis… ¡qué bien!

T. Charly: Empezamos a las 1:50 y acabamos a la 3:05. Estoy hecho un fiera!!!

- Ahora sí. Ahora se están descojonando todos. Normal, anoche cambiaron la hora, a las 2 eran las 3, y mi tío se ve que no sabe que los móviles nuevos se actualizan solitos. Pero bueno, un polvete de 15 minutos no está nada mal para tener 78 años. Y tampoco es plan de quitarle la ilusión.

T. Charly: Sin pastillita azul, ni nada. Un fiera. Un fiera!!!

- Estas cosas son las que yo veo innecesarias. ¿Yo no me podía haber evitado esa deposición infantil? Y, lo que es peor, ¿por qué tengo que estar el resto del día con la imagen erótico-festiva de mis tíos metida en la cabeza?

Alicia ha abandonado el grupo.


- Tu primo Manolo te ha unido al grupo “La Familia Feliz”.

Este niño es tonto. Es la cuarta vez que me voy y me vuelve a meter. Seguro que fue él quien le puso nombre de restaurante chino al grupo.

P. Manolo: ¡Lola!, que está muy bien que cuelgues 500 fotos todos los días con las cosas que hace el niño, pero la de la caca te la podías haber ahorrado.

P. Lola: ¿Por qué no vas a fumarte Chaouen?

Uyyyy, se está preparando La tormenta perfecta.

A mi primo Manolo yo le llamo “El Adidas”. Siempre va con un chándal de Adidas, - deberían ponerle en nómina -. En la boda de su hermana Lola se presentó con un conjunto de la susodicha marca, que le había costado 250 euros, - cinco veces más que alquilarse un frac y darle el gusto a su hermana -, era morado chillón y REFLECTANTE… Jodió todas las fotos de la boda. Sólo se salvó una de mi tío Pepe bailando con un sujetador de origen desconocido, con un pedo de tres pares de narices. Una foto preciosa. Mi prima se pasó dos semanas llorando a moco y baba. Eso sí, en Cancún y bebiendo mojitos para olvidar. Normal que esté cabreada con su hermano… cinco años después. Y conmigo también. Y con algunas más…

Esa boda ya estaba maldita antes de empezar. Nos fuimos de despedida de soltera todas las primas un viernes por la noche. Yo me desperté el domingo, a las siete de la tarde, y en la mesita tenía un radiocassette del tamaño de Wisconsin. Una de dos, o fui abducida por un ovni o crucé sin querer algún gusano del tiempo y aparecí en el Bronx de 1982. Si tuviera que declarar ante un jurado diría la verdad, que no recuerdo nada de aquella noche. Sólo que fuimos a Casa Kiki, que no es un puticlub, aunque lo parezca por el nombre, es un mesón donde hacen las albóndigas con tomate más ricas del mundo mundial y parte del universo. Luego nos fuimos a un boys, a petición de Almudena, prima de Lola, pero no mía, - una pena enorme, porque Almudena es una fuente de inspiración constante -. Lo último que recuerdo era verla metiendo billetes de 5 euros en un tanga de leopardo.

Pues, por lo visto, estuvimos de farra toda la noche, dando tumbos por tugurios infectos, hasta que, a eso de las 8 de la mañana - inspirados por Almudena, cómo no -, nos dirigimos a la estación. Compramos un billete a quién sabe dónde y metimos a Lola en el tren. Nosotras, - según me han contado -, decidimos que la fiesta no había terminado y nos fuimos al puerto. Allí cogimos un Ferry. Cruzamos el estrecho dirección Melilla. Hicimos compras, - eso explica lo del radiocassette -, y nos volvimos por la tarde, después de que nos llamara el tío Charly, amenazándonos con matarnos a todas. Lógico, por otra parte. Acababa de recoger a su hija, que le había llamado llorando porque la habían echado de un tren, no tenía dinero para comprarse otro billete y no sabía por qué estaba en un pueblo de Ciudad Real a 340 kilómetros. Su padre supo al instante que esto sólo podía ser idea de Almudena. Almudena, si me lees, no te mueras nunca, eres el “toque fresh” de la familia política. Los de Resacón en Las Vegas a tu lado son monjitas de la Caridad. Y, para colmo de males, Lola ya no quería casarse. Había tenido una experiencia religiosa, como Enrique Iglesias, pero con un cabrero de Puertollano y no con una tenista rusa, que quede claro.

Al final, su padre le convenció para casarse. No estaba dispuesto a renunciar a que su hija mayor se independizara de una puñetera vez, después de llevar 38 años viviendo al abrigo familiar.

En fin, que he empezado por hablar del WhatsApp familiar y he acabado por contar la estupenda e inolvidable despedida de soltera que le organizamos a mi prima Lola.

Así es la vida.